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Pequeños detalles, grandes placeres.

pequeños detalles

Desde hace unas semanas anda circulando por la red el viral vídeo de una simpática madre de familia fanática de Star Wars, quien no puede esconder su felicidad y orgullo sobre su reciente compra: una máscara del personaje Chewbacca con efectos de sonido.

La primera vez que vi el vídeo admito que no comprendía el motivo de la desbordante felicidad de la mujer, yo sólo veía una máscara fea que hacía lucir a la mujer un tanto boba, pero por algún motivo no me bastó con verlo una vez, así que lo reproduje una segunda y tercera vez, encontrando una inexplicable satisfacción en ello, sin darme cuenta la tercera vez que terminé de ver el vídeo me encontré carcajeándome junto a aquella mujer de la que no sabía nada, pero que indudablemente me había alegrado el día.

Aveces sin buscarlo nos convertimos en almas amargadas, nos convencemos de que la felicidad únicamente se encuentra en los grandes lujos y los bienes materiales, creamos necesidades superfluas que condicionan nuestra alegría y nos condenan a vivir la mayor parte del tiempo inconformes, molestos, aburridos.

El vídeo de esta señora nos ha abierto los ojos a muchos: no se necesita de mucho para ser verdaderamente feliz.

¿Hace cuanto que no te ries tanto que terminas con dolor de barriga? ¿Hace cuanto que no debes de fingir la sonrisa? ¿Cuando fue la última vez que te invadió ése sentimiento de verdadera satisfacción y felicidad?

No, no se necesita de dinero: aunque suene demasiado rosa, sal y respira aire fresco, detente a percibir el aroma de las flores, juega con los niños, ya que ellos aún tienen almas puras y son capaces de construir castillos con cajas de cartón, y convertirse en héroes  y volar con una sábana alrededor de su cuello.

¡Juega sin miedo! no importa si te llaman infantil, no importa si clavan en ti miradas extrañas, se trata de tu felicidad, no es la de ellos.

A menudo nos preocupamos tanto por complacer a las otras personas… ¿y qué nos devuelven estas a cambio? más críticas, mayores exigencias… resignate y acepta la idea de que nunca se podrá quedar bien con seres tan inconformes, comienza a interesarte por tus propias necesidades, comienza a complacer tus propios deseos, busca verte feliz primero a ti, y quizá así seas capaz de contagiar con un poco de felicidad a los demás.

Despierta a tu niño interior que se revolcaba en el fango sin importarle como se vería, y disfrutaba a máximo de un chocolate o un helado, y lo de menos era ensuciar sus ropas ¡Ahí está la felicidad!

Los mayores placeres están escondidos tras los pequeños detalles que generalmente pasan desapercibidos.

Decide ser feliz hoy mismo, rescata tu felicidad de las manos de la amargura, el materialismo y la falsa expectativa de madurar que la sociedad te ha inculcado.

Date el lujo de ser niño una vez más, ¡lo mereces!

 

AdriannaRossi
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3 COMENTARIOS

dic 20
Michael
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Hola Adrianita. Vuelvo a comentar en tu blog después de mucho tiempo. Muy cierto, la felicidad está en esas cosas simples de la vida, en esos pequeños detalles. Deberíamos siempre actuar de acuerdo a nuestra conciencia y algunas veces, como si nadie nos viera. Vivimos en un mundo en que todo está etiquetado y si actúas diferentes, sacas el azote de la crítica y juzgas antes de tiempo. Te mando un abrazo muy grande. LUCHO